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Viernes, Septiembre 3, 2010.

David Silveti y la vocación
Por: Francisco Tijerina E. , México
Miercoles, Enero 15, 2003 10:49:00 Hora GMT


Silveti ha demostrado en su regreso a la Plaza México que la primera condición que se requiere para ser torero, es tener vocación


"¿Por qué vuelven los toreros?"
Conchita Cintrón

Si para escribir la palabra "toro" se requiere de cuatro letras, para escribir "vocación" se necesita del doble.

La Diosa Rubia del Toreo, Conchita Cintrón, se preguntó y trató de explicar en un libro a finales de la década de los 70's "¿Por qué vuelven los toreros?" y la única explicación que se puede encontrar es tan sencilla como esas mismas ocho letras: vocación.

Sin lugar a dudas el ejemplo más contundente de vocación torera de los últimos tiempos lo constituye David Silveti. Soportar la larga y dolorosa rehabilitación que le ha significado más de 40 operaciones, saberse limitado en cuanto a movilidad se refiere, dejar la tal vez cómoda posición de "leyenda" que lo marca como "El Rey David" y la tranquilidad de los negocios para, a los 47 años, volver a sentir miedo y el peso de la responsabilidad, no tiene otra explicación más que el de la vocación.

Vocación que exige al hombre el estar ahí, el sobreponerse a las dificultades, el entregarse por completo, el olvidarse de todo, el sacrificar a la familia... vocación que demanda y se antepone a cualquier circunstancia.

El toro, ese que pone a cada quien en su lugar, no conoce de limitaciones, edad, condiciones y poco le importa en realidad la vocación; sale a embestir, a pelear, a dar la vida en el ruedo, a cumplir con su misión (aunque muchas no se consiga el propósito); de tal suerte que debemos partir de la base de que a Silveti los toros no le tienen consideración alguna.

Si a pesar de todo ello Silveti ha sido capaz de transmitir con su toreo esa sensación perdida hace mucho tiempo de emoción, de entrega, de pasión, de exhaltación al punto de la inmolación, no puede ser por otra razón distinta a la vocación.

Decía Rodolfo Gaona que "para ser torero, primero hay que parecerlo", pero después de ver a muchos que son y no lo parecen y a más que lo parecen, pero que no lo son, me permito parafrasear al Maestro, diciendo que para ser torero, primero hay que tener vocación.

Esa vocación perdida que hace tiempo no vemos ya no digo en muchas figuras del toreo, vaya, ni siquiera en la mayoría de los que empiezan; esa hambre y sed de triunfo, esa necesidad imperiosa de dejar constancia, mediante el arte taurino, de todo el sentimiento que se lleva dentro.

Silveti nos ha recordado la importancia y necesidad de la vocación como valor fundamental de quien aspira a ser simple y sencillamente torero.

Gracias David por la lección, por la muestra de coraje, pundonor y vergüenza torera, por demostrar que no importa la edad, el físico, las lesiones, la plaza, los reventadores, las condiciones de los bureles, cuando se torea con sentimiento, pasión y entrega, cuando se persigue y se da cabal cumplimiento a una sola palabra: vocación.

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