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Sábado, Mayo 25, 2013.

CRÓNICA / LAS VENTAS – Triunfa Talavante
Por: Jorge Arturo Díaz Reyes , Colombia
Miercoles, Junio 06, 2012 23:09:00 Hora GMT


En tarde muy ventosa y de toros cuestionados, prevaleció la actitud de Talavante para cortar una oreja de cada uno de los suyos y salir a hombros. Manzanares apuntó detalles y Morante fue pitado.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. 2ª de Arte y Cultura, corrida de la Beneficencia. Lleno de “no hay billetes”. Sol y calor. Lleno. Cuatro toros de Núñez del Cuvillo, y 3º y 4º de Victoriano del Río, astifinos, de poco cuajo, salvo el 4º, encastados y de juego diverso.

Morante de la Puebla, silencio y pitos.
José María Manzanares, silencio y silencio.
Alejandro Talavante, oreja y oreja.

Incidencias: Presenció la corrida desde el palco Real Su Alteza la Infanta Doña Helena de Borbón, en compañía de la presidenta de la Comunidad, doña Esperanza Aguirre. Saludaron tras parear al 5°Juan José Trujillo y Luis Blázquez.

Arte y Cultura, dos corridas, dos puertas grandes. La plaza llena de bote en bote, hasta en el palco Real, no solo de gente sino de expectación, para la tradicional corrida de Beneficencia que colgaba un cartel postinero. Por la mañana, mientras la reventa hacía de las suyas, el hierro titular Núñez del Cuvillo, pasaba trabajos con los veterinarios, para clasificar solo cuatro, cuya discreta identidad terminó siendo protestada por un sector de Sol. El encierro lo completaron dos de Victoriano del Río, el tercero y el cuarto de muy diferente presencia.

Uno de ellos, el tercero, era cinqueño, el único, además castaño. Recibió una lidia caótica en los dos primeros tercios, en medio de la cual Salguero le aplicó una vara y un pinchito, y Talavante quitó por chicuelinas y larga, más enjundiosas que puras. Tras dos toros que no habían dejado contento a nadie, y con ese viento, y con este comienzo, no parecía que la corrida fuese a levantar su curso agobiado y lleno de dubitaciones. Pero sorpresivamente, después del brindis protocolario, en las tablas aun, el extremeño se clavó y cambió por la espalda, ligó por la derecha, y remató arriba con una convicción que sacudió la plaza. ¡Esto es otra cosa! Parecían decir las palmas. De allí, a los medios, a citar de largo, por derechas.

El toro arremetiendo y repitiendo codicioso, con muchos pies imponía su velocidad a la muleta, pero el aguante y la vehemencia del torero conquistaron al público. La faena se fue rauda, en corto, por una y otra mano, con los matices heterodoxos pero efectivos que ya comienzan a ser su estilo; molinetes, trincheras arrucinas, encimes, cruces desplantados, que la mayoría jaleaba y algunas voces aisladas resentían. Fue larga la pelea y el toro no desmayó. La estocada completa pero lateral no hizo efecto y encima el descabello hubo de barrenarse para poder tumbar. Sin embargo la petición fue ampliamente mayoritaria y ruidosa. Arte y Cultura.

Con el sexto, filudo de púas aunque de menos raza, Alejandro, sin abandonar su inocultable ambición de puerta grande, se aplomó más. Quiso iniciar por estatuarios pero al tercero debió enmendar y luego la cuarto también. No fue una faena de aquellas dramáticas suyas, sembrado y piel a piel, pero tuvo pasajes, sobre todo a la diestra, en que la continuidad y la templanza le dieron validez. Por supuesto, como en la primera, y como desde hace rato en todas las suyas, salpicada de ocurrencias e improvisaciones, que si no lo son tales al menos al coger la público por sorpresa lo parecen y causan efecto. Mato de una estocada bien ejecutada, colocada y casi fulminante, para salir a hombros en esta feria que por abrir la puerta en todas sus corridas cualquiera creería que es la del siglo.

Morante de la Puebla, quiso, se le notaban las ganas, pero no pudo. Contra el viento y la marea intolerante de unos asoleados, no le halló a sus codiciosos atacantes, distancia, sitio, ni tiempo, ni reposo para su creación estética. Con el primero de la tarde, algún mueltazo suelto y de resto nada que mereciera llevar su acreditada firma. Ni la de nadie, digámonos la verdad. Mató en medio del disgusto general con media recursiva y descabello. Frente al cuarto, de Victoriano, marcando 631 kilos, apenas atinó a regalar tres chicuelinas en el quite, que si bien no tuvieron la quietud total si recordaron esas suyas, tan propias, envuelto en el capote. No fue más, con la muleta flameando como bandera en derrota y la grada bufando desagrado, esperó el momento de salir del trance con un pinchazo y un espadazo tirado. Al toro lo aplaudieron de puro despecho. Con lo qué habían pagado para verlo.

Manzanares, oyó protestar sus dos encastadas reses, y pronto supo que ya la plaza no le era incondicional. Los toros se le venían con brío y el los pasaba, compuesto y apuesto como es, pero a distancia prudencial, no pocas veces con el pico, y vaciando más pa´fuera que pa´dentro. Se la pillaron de una y comenzaron exigir, unos digo, porque otros, con ganas de aplaudir, se irritaron y se armó un contrapunto entre ellos, que distrajo la atención de la segunda faena especialmente. En medio de todo, el alicantino, que pase lo que pase, y sople el viento como sople, es torero diferente, fue dejando su marca. Tres derechas en redondo, un trincherazo y un volapié de gran ejecución al segundo, y una media, vertical, quieto, con el compás abierto y el capote despectivamente abanicado tras el cuerpo, personailísima, con el quinto, y encima otra gran estocada. Es el mejor estoqueador de la época. ¿Sí o no? Sin embargo su presentación de hoy no dejó satisfechos a quienes conocen bien su calidad torera y saben que él es mucho, pero mucho más que esto.

La corrida fue de expectación, y pese a la puerta grande que le vendría muy bien a cualquier otra plaza, pero quizá muy ancha para Madrid, fue de decepción, como reza el dicho. No pueden decir otra cosa quienes en plena crisis pagaron lo que pagaron para ver al mejor Morante, al mejor Manzanares y al mejor Talavante, porque hoy no los vieron.
 

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