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Sevilla, penosa y maravillosa. Sevilla,
pesadilla y maravilla, en la que está saliendo todo según el mal guión
escrito desde Navidad y culminado el Miércoles de Ceniza. A malos
carteles, bajón del abono. A crisis económica, deserción de espectadores.
Hemos visto, con mucha, muchísima tristeza, tendidos casi vacíos y
entradas pobres y paupérrimas.
Los Balañá de Andalucía, los cuñados, recogen lo que antes sembraron
creyendo que la ubre de la vaca siempre estaría llena ante la pasividad de
los maestrantes que asisten, sin mover un músculo, o al menos no lo dicen,
a esta decadencia. Se limitan a recoger su alto tanto por ciento. De la
crisis no han tenido la culpa, pero sí de todo lo demás y en gran medida.
Canorea-Valencia, responsables, y maestrantes, todos, corresponsables.
Y así, reconocido oficialmente, el 30% menos de abonados que se escaparon
en el 2011 y éste después de temporadas catastróficas con festejos o muy
malos o aburridísimos. Precios muy altos. Y las gradas – nuevas y
adaptadas a este siglo, ya era hora- como si fueran de oro y atáramos los
perros con longaniza.
Sevilla tiene –según censo oficial del 2010- más de millón y medio de
habitantes, que unido al medio millón –por lo menos- de visitantes en
farolillos se sube a los 2 millones para una plaza de poco más de 12.000
localidades. Mientras, los 3200 abonados que todavía tiene la Maestranza
contrastan con los 40.000 del Sevilla y de los 35.000 del Betis, tirando
por la bajo. Este es el panorama en una ciudad que presume de taurina:
toros 3.200 contra fútbol 75.000… La tierra de Joselito y Belmonte, en
diferentes aniversarios en 2012; la de Pepe Luis, Chicuelo, Curro, Diego
Puerta, Paco Camino, Morante y un interminable etcétera, y eso que este
año, al reducir el número de festejos, el montante total del desembolso es
menor. Se han cargado fechas emblemáticas, pero todo les vale a estos
señores de la maravillosa ciudad bética.
Porque esa es otra. A pesar de los pesares, la ciudad sigue siendo
maravillosa y ver y estar en la plaza no digamos. Todo un placer,
pero…necesita otros alicientes para completar, como son buenos carteles.
En estos tiempos , con crisis de toreros, toros y economía, hay que
recortar los precios y ofrecer los mejores carteles que puedan darse para
que el público vuelva. Pues no, en el 2012 lo hacen peor que nunca.
Diódoro Canorea me decía que la feria debía ser muy buena para mantener el
prestigio de la plaza y de la ciudad. Pues ya ven el caso que le hacen
Eduardo, su hijo, el heredero universal y vitalicio (de ahí vienen tantos
males) y el cuñado, Ramón Valencia.
Y, claro, el resultado es coherente con el mal guión ofrecido en la feria
de la mortadela, la 1ª de las 3 de la de abril. Poquísimo público, el del
abono como siempre esos días, inferior al de años anteriores porque hoy
día ese abono es menor y… resultados artísticos malísimos. Llevo años
diciendo lo de la plaza de Sevilla y ahí quedó reflejado en mis artículos
temporada tras temporada. Me causa tristeza y dolor haber acertado pero es
que eso lo veía un ciego.
Y, claro, ¿balance en la novillada inaugural, en la de rejones y en las 6
corridas de a pie?. Apenas nada. El triunfador ha sido un ganadero, Fuente
Ymbro, mi tocayo Ricardo Gallardo, con dos novillos buenos y uno
extraordinario y con el mismo nivel en la corrida de toros. Los deseos
increíbles de Gonzalo Caballero (cómo está esto que tuvo que debutar con
caballos ese día en Sevilla, en la feria y con la tele por delante, qué
barbaridad y qué riesgo. De locura). Ni lo rejoneadores, de categoría,
pudieron dar ni una vuelta con una corrida de las que llamo del gran
aburrimiento (Niño de la Capea). Ya hasta en las de caballos, en las que
estaban garantizada la diversión y las orejas, en la única tarde que hubo
más de media entrada (domingo y con Andy, Ventura y Leonardo…) y la
afición al caballo que hay en Andalucía…
Adame, Javier Castaño (sobre todo), Alberto Aguilar y Jiménez Fortes se
salvaron y Nazaré y Esaú estuvieron por debajo de los toros. Y malas, las
del Conde de la Maza, Cuadri y El Ventorrillo, que a priori ofrecían algo
más, sobre todo el onubense.
Poco público, mal tiempo, ambiente frío en todo, viento, nubes, Sevilla
entonces más penosa que maravillosa, más pesadilla que maravilla, con dos
detalles extras. Uno malo: la “afición” pidiendo la segunda para Fernando
Adrián que no hizo todo lo que pedía el gran novillo (y eran los máximos
trofeos que se conceden habitualmente) y uno bueno: el mexicano Diego
Silveti, visitando antes de la corrida la capilla de La Piedad y La
Caridad, la del Baratillo, anexa al coso, una de mis dos Hermandades de
Sevilla, en la que he tenido la suerte y el placer de salir de nazareno y
oír antes Misa en la capilla de los espadas: la más taurina de todas las
de Semana Santa, la más torera de España…¡Olé!
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