No por no hablar de las cosas éstas dejan de
existir. Ahí están, ahí siguen y poco a poco, ante la indeferencia de
quienes prefieren vivir el aquí y ahora, van creciendo; mayo está más cerca
de lo que parece y los antitaurinos no cejan en su empeño, siguen
trabajando.
Luego de lo ocurrido en Cali, como pasó en San Cristóbal y en Lima, hubo
algunas voces de preocupación por el escándalo mediático y el regreso del
recurrente tema de los niños toreros y su pretendido abuso por parte de
adultos. De España llegaron a sugerir que en México adoptásemos la medida de
impedir que chavales menores de 14 años actuaran en público... pasaron los
días, el tema bajo de tono en los medios y de vuelta todo volvió a una
aparente "normalidad" que en realidad no lo es tanto.
El padre del chaval, que es un matador de toros y empresario, comentó con un
amigo mutuo que podía compartir algunos puntos de vista con lo plasmado en
este espacio, pero que no podía controlar la afición y deseos del niño,
escudándose en que no era nadie para impedir sus sueños. La posición resulta
válida, pero sólo hasta cierto punto.
Hubo intentos que se quedaron sólo en eso, en meros intentos, en buenas
intenciones, en tratar de hacer algo para que la particular carrera de
Michelito y sus consecuencias no tuviesen repercusiones en otros niños,
en otras escuelas taurinas. Silencio cómplice han tenido instituciones,
agrupaciones, directivos, maestros, padres de familia y alumnos en todo el
país.
Repito, subrayo y sostengo, que no se trata de una campaña en contra de
Michelito y sus padres, sino de velar por el interés superior de la
Fiesta, por preservar lo que hasta ahora ha sido una ventaja sobre la
legislación española y de otros países, por mantener viva la ilusión de
otros muchos chavales, por promover la creación y crecimiento de muchas
escuelas de toreros. Están en riesgo demasiadas cosas y tal parece que a
pocos les importa.
"Silencio... los caporales están durmiendo...". Sí, los caporales y los
directivos de escuelas y los maestros y las agrupaciones y las peñas y los
padres de familia y muchos otros que se hacen los desentendidos. Que luego
no nos salgan con que "los caporales están llorando".
A cambio de nuestro escrito no recibimos llamada alguna ni del padre ni del
promotor del niño torero, porque es eso, un niño que torea, no un novillero
como quieren hacerlo ver. Tan sólo un día después de nuestra publicación
recibimos un correo festejando un pretendido "indulto" en un tentadero por
parte de Michelito.
Los hechos son claros y contundentes. El viernes el niño actuará en Autlán y
lo hará lidiando un ejemplar de otra ganadería distinta al resto de los
novilleros, un astado escogido y desmochado, ¿cómo pretender que
Michelito reciba un trato de novillero cuando actúa con ventaja sobre el
resto? Entonces pues, que le anuncien como niño torero, que lidiará un eral,
fuera de cartel y se quiten del cuento de que es un novillero. Si estoy
equivocado que por favor alguien me corrija y me comprometo a en este mismo
espacio hacer las aclaraciones pertinentes.
Está en juego la enseñanza del respeto a la Fiesta, de la ponderación de la
verdad por encima de todo como premisa básica del ejercicio del toreo. ¿Cómo
reclamarle después a Michelito que cuando crezca toree novillos en
vez de toros si hoy se le permite? Ni es un mandón, ni llena las plazas, ni
está para imponer condiciones; su administración lo hace porque las empresas
se dejan, porque a otros novilleros y sus apoderados les falta valor para no
dejarse atropellar, para decirle "sí, como no, el niño puede actuar, pero en
su calidad de becerrista y fuera de programa".
Se impone un respeto mínimo a la Fiesta, a sus alternantes y a los
aficionados. No se puede insultar la inteligencia de tantos; no se es
novillero simplemente por deseo, por vestirse de luces o por pretender
acelerar una carrera; un novillero alterna con sus compañeros, sortea en
igualdad de circunstancias y compite de manera leal y equitativa con sus
similares.
Si los directivos de las Escuelas Taurinas de todo el país prefieren guardar
silencio es su problema; si los maestros no son capaces de darse cuenta de
que está en riesgo su trabajo e incluso el poco o mucho dinero que reciben
por impartir clases, es su bronca, si a los padres de familia de todos los
niños de todas las escuelas no les interesa defender los sueños e ilusiones
de sus pequeños, yo no debería estarme preocupando tanto. Espero que mañana
o pasado, cuando la carrera de Michelito siga por los mismos
derroteros, no tener que escuchar las voces de los "entendidos" acusándole
de mentir y de engañar.
Congruencia es una palabra que nos hace falta repetir en nuestra Fiesta.
Tener concordancia entre lo que hablamos y lo que hacemos es necesario.
Por lo anterior, por lo menos aquí, trataremos la carrera del niño torero
como lo que es, un becerrista adelantado, que torea ganado escogido y que no
puede compararse con los novilleros; consignaremos todas y cada una de sus
actuaciones, pero no en el mismo plano que otros, sino en el exacto nivel
que ocupa, aunque se empeñen en anunciarle como lo que aún no es.
En congruencia a los hechos hacemos ver nuestra posición, alzamos la voz
contra el silencio cómplice y vergonzante de muchos involucrados que no ven
un futuro que se acerca con vertiginosa velocidad. Por lo menos, nuestra
conciencia queda tranquila. |
|