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Viernes, Septiembre 10, 2010.

Silencio
Por: Francisco Tijerina E. , México
Miercoles, Febrero 10, 2010 11:22:00 Hora GMT


Ante lo que publicamos hace unos días sobre la carrera de Michelito Lagravere y sus implicaciones con los niños toreros, las escuelas taurinas y la Fiesta en general, hemos encontrado de parte de la mayoría de los involucrados un silencio sepulcral. Hemos recibido, sí, correos y llamadas telefónicas que comparten nuestro punto de vista, pero quienes en primera instancia pudiesen resultar afectados con el aceleramiento administrativo del niño yucateco, prefieren hacerse los desentendidos, dejando pasar el tema.


No por no hablar de las cosas éstas dejan de existir. Ahí están, ahí siguen y poco a poco, ante la indeferencia de quienes prefieren vivir el aquí y ahora, van creciendo; mayo está más cerca de lo que parece y los antitaurinos no cejan en su empeño, siguen trabajando.

Luego de lo ocurrido en Cali, como pasó en San Cristóbal y en Lima, hubo algunas voces de preocupación por el escándalo mediático y el regreso del recurrente tema de los niños toreros y su pretendido abuso por parte de adultos. De España llegaron a sugerir que en México adoptásemos la medida de impedir que chavales menores de 14 años actuaran en público... pasaron los días, el tema bajo de tono en los medios y de vuelta todo volvió a una aparente "normalidad" que en realidad no lo es tanto.

El padre del chaval, que es un matador de toros y empresario, comentó con un amigo mutuo que podía compartir algunos puntos de vista con lo plasmado en este espacio, pero que no podía controlar la afición y deseos del niño, escudándose en que no era nadie para impedir sus sueños. La posición resulta válida, pero sólo hasta cierto punto.

Hubo intentos que se quedaron sólo en eso, en meros intentos, en buenas intenciones, en tratar de hacer algo para que la particular carrera de Michelito y sus consecuencias no tuviesen repercusiones en otros niños, en otras escuelas taurinas. Silencio cómplice han tenido instituciones, agrupaciones, directivos, maestros, padres de familia y alumnos en todo el país.

Repito, subrayo y sostengo, que no se trata de una campaña en contra de Michelito y sus padres, sino de velar por el interés superior de la Fiesta, por preservar lo que hasta ahora ha sido una ventaja sobre la legislación española y de otros países, por mantener viva la ilusión de otros muchos chavales, por promover la creación y crecimiento de muchas escuelas de toreros. Están en riesgo demasiadas cosas y tal parece que a pocos les importa.

"Silencio... los caporales están durmiendo...". Sí, los caporales y los directivos de escuelas y los maestros y las agrupaciones y las peñas y los padres de familia y muchos otros que se hacen los desentendidos. Que luego no nos salgan con que "los caporales están llorando".

A cambio de nuestro escrito no recibimos llamada alguna ni del padre ni del promotor del niño torero, porque es eso, un niño que torea, no un novillero como quieren hacerlo ver. Tan sólo un día después de nuestra publicación recibimos un correo festejando un pretendido "indulto" en un tentadero por parte de Michelito.

Los hechos son claros y contundentes. El viernes el niño actuará en Autlán y lo hará lidiando un ejemplar de otra ganadería distinta al resto de los novilleros, un astado escogido y desmochado, ¿cómo pretender que Michelito reciba un trato de novillero cuando actúa con ventaja sobre el resto? Entonces pues, que le anuncien como niño torero, que lidiará un eral, fuera de cartel y se quiten del cuento de que es un novillero. Si estoy equivocado que por favor alguien me corrija y me comprometo a en este mismo espacio hacer las aclaraciones pertinentes.

Está en juego la enseñanza del respeto a la Fiesta, de la ponderación de la verdad por encima de todo como premisa básica del ejercicio del toreo. ¿Cómo reclamarle después a Michelito que cuando crezca toree novillos en vez de toros si hoy se le permite? Ni es un mandón, ni llena las plazas, ni está para imponer condiciones; su administración lo hace porque las empresas se dejan, porque a otros novilleros y sus apoderados les falta valor para no dejarse atropellar, para decirle "sí, como no, el niño puede actuar, pero en su calidad de becerrista y fuera de programa".

Se impone un respeto mínimo a la Fiesta, a sus alternantes y a los aficionados. No se puede insultar la inteligencia de tantos; no se es novillero simplemente por deseo, por vestirse de luces o por pretender acelerar una carrera; un novillero alterna con sus compañeros, sortea en igualdad de circunstancias y compite de manera leal y equitativa con sus similares.

Si los directivos de las Escuelas Taurinas de todo el país prefieren guardar silencio es su problema; si los maestros no son capaces de darse cuenta de que está en riesgo su trabajo e incluso el poco o mucho dinero que reciben por impartir clases, es su bronca, si a los padres de familia de todos los niños de todas las escuelas no les interesa defender los sueños e ilusiones de sus pequeños, yo no debería estarme preocupando tanto. Espero que mañana o pasado, cuando la carrera de Michelito siga por los mismos derroteros, no tener que escuchar las voces de los "entendidos" acusándole de mentir y de engañar.

Congruencia es una palabra que nos hace falta repetir en nuestra Fiesta. Tener concordancia entre lo que hablamos y lo que hacemos es necesario.

Por lo anterior, por lo menos aquí, trataremos la carrera del niño torero como lo que es, un becerrista adelantado, que torea ganado escogido y que no puede compararse con los novilleros; consignaremos todas y cada una de sus actuaciones, pero no en el mismo plano que otros, sino en el exacto nivel que ocupa, aunque se empeñen en anunciarle como lo que aún no es.

En congruencia a los hechos hacemos ver nuestra posición, alzamos la voz contra el silencio cómplice y vergonzante de muchos involucrados que no ven un futuro que se acerca con vertiginosa velocidad. Por lo menos, nuestra conciencia queda tranquila.

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