El
diputado priísta Alan Cristian Vargas Sánchez trata de impulsar una
iniciativa para que las corridas de toros sean prohibidas en el Distrito
Federal. Este jueves, en conferencia de prensa, el legislador que carece de
estudios profesionales, tuvo la osadía de declarar: "Si conocemos la
actividad de un torero o de un aficionado a la tauromaquia podemos
diagnosticar claramente que encajan en la psicopatía, en el tipo sádico o
destructivo".
No cuestiono su falta de preparación, sino la base científica sobre la que se sustenta para atreverse a dar un diagnóstico médico.
¿Qué antecedentes tiene este curioso personaje?
Primero, a los pocos días de haber llegado a la Asamblea, destrozó una puerta de cristal de una
oficina, gritando que "por algo tengo fuero".
Después interrumpió una sesión mostrando cartulinas y retando a golpes, a
mitad del recinto legislativo, al perredista Alejandro Sánchez.
El pasado mes de octubre el legislador despojó de una bicicleta a un
funcionario de la Secretaría del Medio Ambiente que acudió, junto con otros
muchos, a acompañar a la titular del área a una comparecencia en la
Asamblea. Vargas y su equipo encararon a los burócratas defeños que
resguardaban las bicis y cuando el diputado tomó una de ellas Rubén
Aguilar, de la SMA, trató de impedir que se la llevara, a lo que el
diputado respondió con un empujón, tirando al servidor público sobre las
bicicletas; Aguilar insistió y el legislador le propinó dos golpes
en la cara y una patada, llevándose la bici al interior del Pleno.
¿Qué se puede esperar de alguien que declara ante los medios de comunicación
"Me gusta que me digan dipuhooligan porque es de más caché que dipuporro,
además porro no soy porque no estudié".
Pero no seamos nosotros, los taurinos, los que le juzguemos; veamos lo que
dice de este curioso personaje el periodista Luis Luna León en un
artículo que tituló "La vergüenza"
En principio, puedo mencionar que es la antítesis del perfil del joven
político en México. En efecto, Cristian Vargas es lo opuesto a lo que
anhelan ser los liderazgos juveniles en el país.
Cristian Vargas representa lo que nos genera decepción. Por jóvenes como él,
se cierran espacios, se sellan puertas, se bloquean los caminos a la
participación de los jóvenes en México.
Por
jóvenes como él, es que los partidos tachan a la juventud como revoltosos,
groseros e irresponsables.
Hoy Cristian Vargas es diputado local plurinominal príista de la Asamblea
Legislativa del Distrito federal. Un espacio que para muchos significaría la
oportunidad y el espacio para hacer acuerdos, concertaciones y negociaciones
políticas en beneficio de su sector.
Sin embargo, Cristian Vargas Sánchez no piensa igual. Opina diferente.
El protagonismo bofo es parte de su perfil político. La violencia es su
principal consejera. La confrontación airada es su confidente. Los golpes
son sus armas de convencimiento. Desenfunda patadas en vez de ideas. De su
boca salen groserías en vez de proyectos.
No hay fundamentos de peso. No hay preparación. No hay plataforma política.
No hay puntos de acuerdo. No hay trabajo político. No hay discursos. No hay
representatividad del sector. No hay beneficio social. No hay negociaciones
Nada de eso existe en Cristian Vargas Sánchez. Sus actos lo confirman.
Pero lo que si hay es violencia. Cuatro averiguaciones previas
sobreseídas tiene en su trayectoria política. En el ayer, 17 años de
edad le fueron suficientes para romper una reunión de trabajo presidida por
la entonces líder de la Fundación Colosio, Beatriz Paredes. Su argumento
favorito “a mi no me imponen lo que debo de hacer”.
La descripción no amerita comentarios. Ya voy entendiendo el por qué los
antitaurinos lo han elegido para que enarbole sus protestas. |
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