En contra de los reiterados argumentos de quienes pretenden abolir la fiesta en Cataluña en el sentido de que son una inmensa mayoría, resulta necesario el revisar el resultado de la votación realizada hace unas horas en el Parlament, ya que los números no mienten y ni sin tantos como presumen, ni los taurinos son tan pocos como ellos creen. A este libro le faltan aún muchos capítulos.
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En
las democracias se puede ganar por un solo voto, es verdad, pero esa clase
de triunfos carece de legitimidad, porque el resultado nos indica que existe
una decisión dividida en la que nadie se puede declarar absolutamente
vencedor, como tampoco existe un vencido.
Los números no mienten y reflejan con claridad que los promotores de la
Iniciativa Legislativa Popular no han conseguido siquiera la mayoría
absoluta.
Han sido ocho votos los que han marcado la diferencia entre una posición y
otra, un 5.93 por ciento en términos numéricos, es decir bastante poco.
Resultaría interesante el conocer el sentido en el que se decantan los nueve
parlamentarios que no han manifestado opinión, ya mediante la abstención (5)
o bien al no presentarse a votar (4); si esos nueve votos hubiesen sido a
favor de los taurinos, la iniciativa no hubiese prosperado; en ese supuesto
quienes desean que sigan adelante los festejos taurinos habrían logrado 68
votos, lo que significaría un 50.36 por ciento. Es cierto, en este tema no
existe el "si hubiera", pero la ajustadísima votación deja en claro la
delgada línea que separa una posición y otra.
En toda esta discusión existen hechos que son dignos de mención, como las
pretendidas 180 mil firmas con las que se sustentó la petición de la ILP. Es
un hecho consumado, sin embargo sería necesario el conocer si el Parlament
catalán validó de alguna manera la autenticidad de dichas adhesiones y si
los firmantes, todos, son habitantes de Cataluña, porque tomando un simple
marco referencial como lo es el número de personas que en una tarde de toros
acuden al espectáculo y en contraparte el número de personas que en el
exterior se manifiestan en contra, resulta ser que invariablemente los
primeros son muchos más que los segundos.
Por otra parte, los promotores de la ILP han ejercido una enorme presión
sobre los miembros del Parlament a través de los medios de comunicación, a
tal grado que les han obligado a realizar la votación en secreto, algo
inusitado, y no fueron pocos los diputados que al momento de ejercer su voto
se han tapado con un diario para evitar "fotos comprometedoras".
Queda claro que los antitaurinos han realizado enormes esfuerzos para sacar
adelante su propuesta, ante una gran pasividad de los taurinos que,
confiados en exceso, no midieron el escenario y minimizaron las
posibilidades reales del embate, pero se trata sólo del principio, toca
ahora trabajar con fuerza, con disciplina, con unidad, con el propósito de
evitar que el año entrante en las votaciones se geste un golpe mortal contra
la Fiesta en Barcelona y en Cataluña.
Al final quedan los números fríos que demuestran que los antis no son, como
pregonan, esa "inmensa mayoría" y que nosotros no somos, ni por asomo, la
minoría que pretenden hacer ver.
¡Vamos con entusiasmo a luchar por nuestro derecho, por la libertad de
elección, por la permanencia de esta expresión cultural y legado histórico!
¡Ahora nos toca a nosotros! |
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