La historia de Estephany Morelli Castiblanco es todo un caso. Nació en la capital de Panamá, el nueve de febrero de 1992. Hasta hace unos años vivió en Costa Rica, donde su padre, Oscar Morelli es agricultor y ganadero.
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Con
esos antecedentes ¿De dónde nace tu afición, Rocío?
De mi madre, Ruth Mary Castiblanco. Ella fue novillera y aún torea
festivales en Colombia.
¿Te apoyan?
Para nada, yo comencé tirándomele de espontánea a mi mamá cuando tenía
doce años.
Pero
yo sé que en Colombia tienen mucha influencia los profesionales de España
¿Por qué no fuiste para allá?
La verdad es que yo quería torear. Como ya vivía en Costa Rica, allá
conocí a un mexicano, don Ricardo Loredo quien me platicó mucho de México,
de su fiesta y de un amigo suyo, Ángel García “El Chaval” que es maestro de
una escuela taurina en Querétaro. Entonces me coloqué en festejos con toros
criollos en Costa Rica para juntar dinero y venirme a México. Ya que lo
junté, le avisé a mi papá que me venía pa’cá y, como no le pedí dinero, pues
no pudo detenerme. Don Ricardo le avisó a “El Chaval”. Llegué al DF en
autobús y pues a ingeniármelas para llegar a Querétaro. Gracias a Dios, muy
linda la esposa de don Ángel, me recibió en su casa.
¿Qué
has toreado hasta hoy?
Muy poquito, pero bien. En Tuxtla corté dos orejas, en Puerto Vallarta,
una, en Laredo otra, en Caxuxí, vuelta al ruedo y en Tlaquepaque, usted lo
vio… se me fue vivo el novillo.
¿En
dónde torearás próximamente?
El próximo domingo en Tlaquepaque. Es un cartel muy fuerte, pero saldré a
por todas.
Como dato curioso, resulta que mientras duraba la charla en la plaza de
toros Nuevo Progreso, algún chistoso le robó sus tenis; la niña tuvo que
regresar descalza al local de la Peña Taurina “La Solera”, donde los socios,
amablemente le prestan una habitación.
Fotos: Roberto González
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