La denuncia fue hecha pública el pasado 27 de mayo en la portada del periódico El Norte. La imagen no requiere de descripción, es la forma en que diariamente se sacrifican cientos de reses en la mayoría de los rastros de México y otros países del mundo.
Los adjetivos los puede poner usted; la res, a diferencia de los toros de lidia en la plaza, está indefensa ante el ataque hecho con un mazo que inevitablemente provocará una fractura de cráneo para después provocar la muerte por desangrado.
La diferencia más grande es que esto no se trata de un espectáculo organizado en un lugar público en el que se dan cita miles de personas; es esta la realidad cruda y transparente que se vive a diario en las sombras, en lugares que no son públicos, pero que sin duda deberían ocupar el centro de atención y acción de los antitaurinos.
Ávida de reflectores, una cantante española se ha desnudado y se ha colocado unas banderillas de utilería en la espalda para manifestar su rechazo a las corridas de toros; ¿por qué no orientar sus esfuerzos por terminar con esta que sí es una verdadera barbarie?
Puedo tratar de entender los motivos de los antitaurinos, lo que no acepto son sus formas, sus argumentaciones sustentadas en una enorme cantidad de mentiras, su negativa a respetar una forma distinta de pensar y las constantes provocaciones que realizan en los exteriores de los cosos taurinos.
¿Cuántas reses serán sacrificadas de la forma en que se aprecia en la gráfica diariamente? Cientos, miles... pero por eso no se escandalizan ni elevan la voz.
Ojalá la denuncia hecha pública por El Norte encuentre eco y ojalá también, alguna cantante alce su voz para terminar con esta práctica indebida.
Vamos, un poquito de congruencia.
Foto: Ernesto Hooper / Grupo Reforma
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