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Viernes, Septiembre 3, 2010.

CRÓNICA / SAN ISIDRO - Baja la cotización de los trofeos
Por: Federica Piazza , España
Miercoles, Mayo 14, 2008 21:15:00 Hora GMT
 
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Si la oreja de Urdiales se cotizaba ayer en el mercado taurino por sus 645 kilates, la que se llevó hoy Ferrera seguro no está para guardarse en las cajas fuertes del Banco de España.


FICHA DEL FESTEJO

7ª de feria. Ante casi un lleno se lidiaron tres toros de José Luis Pereda y tres de La Dehesilla, encierro deslucido en conjunto y afectado por la mansedumbre de los astados.

Luis Francisco Esplá, silencio y silencio
Luis Miguel Encabo, ovación y silencio
Antonio Ferrera, silencio y oreja

Bondadoso, el público sacó pañuelos en agradecimiento de un brillante tercio de banderillas que vino a romper, en ultimísima instancia, el aburrimiento al que la corrida de José Luis Pereda y La Dehesilla le sometió. Manso y deslucido, el encierro sirvió para que la gente aprovechase el tiempo pensando en qué poner en la mesa de su casa mañana, día de fiesta.

Antonio Ferrera, el más reciente del cartel que compartió con Luis Francisco Esplá y Luis Miguel Encabo, cortó un apéndice a un toro que medio se dejó, con poca nobleza a la hora de citarse con la muleta, pero de más movilidad y transmisión. El recibo con el percal tuvo alegría, pero poca sustancia; muy rápidas y sin mucha estética, las verónicas dejaron el paso a dos puyazos bien medidos en preparación al tercio de banderillas; el extremeño, variado e inteligente rehiletero, clavó dos grandes pares, segundo y tercero, quebrando el viaje del burel y metiéndose al público en el bolsillo. Calentada, la concurrencia se fijó en el ruedo buscando la alegría que un triunfo proporciona; la faena tuvo sus buenos momentos, con la derecha aprovechó el diestro el buen tranco del astado dándole distancia y tiempo, sin acabar de humillar el animal se alivió con el buen temple impuesto por dos tandas de derechazos largos, pero no profundos. Al natural el burel se fue a menos, hasta apagarse y buscar las tablas, donde el diestro remató su trasteo con derechazos muy cruzados. Cumplió bien con la espada y paseó el trofeo. No quedará impreso en la memoria.

Con su primero, muy serio por fuera y muy desrazado por dentro, el extremeño desafió la molesta mansedumbre del animal y dio la talla.

Encabo brindó al cielo la muerte del segundo de la tarde. Llevó bien a un toro cuyas protestas por el pitón derecho afectaron la labor del diestro, asentada y correcta; al natural el burel obedeció más al meter la cabeza en la muleta pero quedándose corto a la hora de pasar.

El que hizo quinto fue un flojo de letal aburrimiento. No había historia que pudiese protagonizar y el descabello puso el punto final a una hoja en blanco.

El toro que abrió plaza estudió bien su entorno y no tardó en rajarse al darse cuenta de que su terreno era el de los mansos. Esplá, después de compartir el segundo tercio con sus compañeros, intentó meterse con él por uno y otro lado sin despertar el mínimo interés por parte del animal, al que despachó con un feo metisaca.

Si los toros no ofrecieron espectáculo, los detalles del maestro alicantino brindan recuerdos y sonrisas. Lidiador de antiguas maneras, se quedó con la montera bien puesta en el tercio final de su segundo trasteo. Lo más destacado, por cierto. Soso el toro y muy en lo suyo el torero: con el buen sabor de las peculiaridades.

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