Luego de la publicación, hace un par de
días, de un artículo cuestionando el fondo, que no la forma, en que se
realizó un festival taurino benéfico en el Cortijo San Felipe, algunos de
los involucrados encabezados por Jorge González nos solicitaron una
reunión para aclarar algunos detalles.
Con gusto les recibimos y escuchamos sus puntos de vista y argumentos. En el
grupo, además de Jorge, su tío el matador Rafael González, su
hermano, Juan Antonio "El Chino" Ortiz, Rubén Rivera "El
Papero" y Eugenio Rosales, además de otras personas; estuvo
también presente Alejandro "El Güero" de León, convocado por ambas
partes.
La charla, que inicio en un tono álgido por la evidente molestia dados los
cuestionamientos por el resultado económico del beneficio, fue tomando
interesantes derroteros que dan pie para la reflexión de muchos aspectos, de
los cuales se pueden resaltar dos: la falta de solidaridad y apoyo de muchos
taurinos y otros que se dicen aficionados y, segundo, la dicotomía entre lo
deseable y lo posible.
Luego de recibir un listado con los gastos y escuchar sus puntos de vista,
les reiteramos que el cuestionamiento de fondo era el poco beneficio
económico comparado con el enorme esfuerzo realizado y el riesgo inminente
de, al final de todo, salir perdiendo en lugar de ganar dinero para apoyar
una causa.
Aquí queda patente la falta de conciencia de muchísimas personas que se
jactan de ser aficionados taurinos, de algunos que conociendo a "El Güero"
y su esposa (y aunque no les conocieran), no tuvieron empacho en cobrar
un dinero que en su origen debería ir a ayudar a una familia que lo requiere
con urgencia y la falta de sensibilidad de muchos otros que pudiendo ayudar,
prefieren anteponer su interés económico al sentido del deber con un
compañero y amigo. Espero sinceramente, que jamás ni ellos ni nadie de
su familia tenga que atravesar el doloroso proceso de una penosa enfermedad
como el cáncer para que conozcan el verdadero valor de un peso
Es cierto, así funcionan las cosas, pero no podemos menos que rebelarnos
ante la falta de conciencia de una sociedad muy moderna, sí, pero muy
deshumanizada. Visto así, el granito de arena que cada participantes puso
(me refiero a los que aportaron, no a los que cobraron un dinero que
seguramente les quemará las manos), se convierte en un océano de bondad y
buen corazón.
Dije hace un par de días que era una vergüenza y hoy retomo la frase. Es una
vergüenza que hayan existido personas que acudieron al festival y con
indiferencia cruzaron la puerta sin aportar un centavo a la caja en la
entrada; una vergüenza que hayan existido otros que, con sobradas
posibilidades económicas, dejaron aportaciones irrisorias al entrar y
encima, en un gesto que los dibuja de una pieza, metieran bebidas adquiridas
afuera para ahorrarse unos cuantos pesos. A final de cuentas es un asunto de
conciencia y cada quien deberá enfrentarse con la propia.
Por otra parte, la diferencia entre lo posible y lo deseable. A todos nos
gustaría saber que gracias al festival se pudo reunir una buena cantidad de
dinero, pero lamentablemente las cosas no son así por muchísimos factores.
Por una parte, la organización corre a cargo de personas que deben robar
tiempo a sus ocupaciones normales y la atención de su familia para atender
los mil y un asuntos que exige un evento de esta magnitud. La experiencia
dicta, y esto me consta, que no puedes confiar un puñado de acciones en
otras personas cuando no quieres fallar.
Lo deseable sería que hubiese más sensibilidad y solidaridad por parte del
gremio y de muchos que se jactan de ser aficionados de cepa. Hoy, aquí, el
llamado es para las peñas y grupos, para los individuales, para los
profesionales llámense toreros, ganaderos, subalternos, miembros del
servicio de plaza; muchos son los que aportan, sí, pero desgraciadamente son
más los que prefieren hacerse de la vista gorda. Si no les place ir a ver
torear a aficionados prácticos con novillos y erales y a cambio prefieren
ver el futbol en el estadio, en un bar o su casa, lo menos que se puede
esperar es que se deshagan de unos cuantos pesos y colaboren. Allá ellos y
su conciencia.
Cada quien, en el marco de sus posibilidades, puede ayudar. No son válidas
las justificaciones a toro pasado que cualquiera puede darnos para no haber
asistido o, de menos, no haber aportado algo; en la conciencia de cada uno
queda marcado el hecho y con ello habrán de vivir el resto de sus días.
Lo cómodo para muchos podría ser el cerrar los ojos y dejar pasar los
hechos, sin importar el resultado. Tan sólo como un ejemplo y para que se
puedan tomar dimensiones, debemos decir que el tratamiento de Vicky
significó gastar más de medio millón de pesos en cinco meses y que debemos
tener en cuenta que esto seguirá por largo tiempo. De ahí el nivel de
molestia por la falta de humanidad de muchos.
Como todo en la vida, hay puntos en la organización que son susceptibles de
mejorar, pequeñas fugas y detalles que sumados pueden marcar una diferencia,
pero sobre todo, resulta imperioso el lanzar un llamado de urgencia a una
sociedad cada vez más fría y deshumanizada, más alejada y metalizada para
que, en este tipo de casos, se tienten el corazón y pasen de las palabras a
los hechos.
Para el final he dejado una reflexión personal. Como humano cometo errores;
debo aceptar con humildad y vergüenza, como lo hice de frente y sin ambages
de manera personal, que equivoqué la forma de plantear mis cuestionamientos
hacia la organización, pero coincidirán en que lo verdaderamente relevante,
que es el fondo, tiene sustento. Deseable es que se hubiesen recolectado
decenas de miles de pesos, lo posible, lamentablemente, es que se reunieron
poco más de 17 mil pesos que repito, vienen bien, pero que dado el tamaño
del problema, son apenas una gota de agua en un desierto.
Hay mucho por hacer, por personas en dificultades y también por la Fiesta.
Es tiempo de pasar de las palabras a los hechos, de juntos, todos,
reflexionar y en un acto personal de conciencia retomar la escala de valores
para ubicar en una justa y exacta dimensión el orden de las cosas.
Ya vendrá pronto una oportunidad para tratar de demostrar la posibilidad de
empatar lo deseable y lo posible. |
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