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Martes, Septiembre 7, 2010.

Lo deseable y lo posible
Por: Francisco Tijerina E. , México
Viernes, Abril 25, 2008 12:00:00 Hora GMT
 
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Como todo en la vida, hay puntos en la organización que son susceptibles de mejorar, pequeñas fugas y detalles que sumados pueden marcar una diferencia, pero sobre todo, resulta imperioso el lanzar un llamado de urgencia a una sociedad cada vez más fría y deshumanizada, más alejada y metalizada para que, en este tipo de casos, se tienten el corazón y pasen de las palabras a los hechos.


Luego de la publicación, hace un par de días, de un artículo cuestionando el fondo, que no la forma, en que se realizó un festival taurino benéfico en el Cortijo San Felipe, algunos de los involucrados encabezados por Jorge González nos solicitaron una reunión para aclarar algunos detalles.

Con gusto les recibimos y escuchamos sus puntos de vista y argumentos. En el grupo, además de Jorge, su tío el matador Rafael González, su hermano, Juan Antonio "El Chino" Ortiz, Rubén Rivera "El Papero" y Eugenio Rosales,  además de otras personas; estuvo también presente Alejandro "El Güero" de León, convocado por ambas partes.

La charla, que inicio en un tono álgido por la evidente molestia dados los cuestionamientos por el resultado económico del beneficio, fue tomando interesantes derroteros que dan pie para la reflexión de muchos aspectos, de los cuales se pueden resaltar dos: la falta de solidaridad y apoyo de muchos taurinos y otros que se dicen aficionados y, segundo, la dicotomía entre lo deseable y lo posible.

Luego de recibir un listado con los gastos y escuchar sus puntos de vista, les reiteramos que el cuestionamiento de fondo era el poco beneficio económico comparado con el enorme esfuerzo realizado y el riesgo inminente de, al final de todo, salir perdiendo en lugar de ganar dinero para apoyar una causa.

Aquí queda patente la falta de conciencia de muchísimas personas que se jactan de ser aficionados taurinos, de algunos que conociendo a "El Güero" y su esposa (y aunque no les conocieran), no tuvieron empacho en cobrar un dinero que en su origen debería ir a ayudar a una familia que lo requiere con urgencia y la falta de sensibilidad de muchos otros que pudiendo ayudar, prefieren anteponer su interés económico al sentido del deber con un compañero y amigo. Espero  sinceramente, que jamás ni ellos ni nadie de su familia tenga que atravesar el doloroso proceso de una penosa enfermedad como el cáncer para que conozcan el verdadero valor de un peso

Es cierto, así funcionan las cosas, pero no podemos menos que rebelarnos ante la falta de conciencia de una sociedad muy moderna, sí, pero muy deshumanizada. Visto así, el granito de arena que cada participantes puso (me refiero a los que aportaron, no a los que cobraron un dinero que seguramente les quemará las manos), se convierte en un océano de bondad y buen corazón.

Dije hace un par de días que era una vergüenza y hoy retomo la frase. Es una vergüenza que hayan existido personas que acudieron al festival y con indiferencia cruzaron la puerta sin aportar un centavo a la caja en la entrada; una vergüenza que hayan existido otros que, con sobradas posibilidades económicas, dejaron aportaciones irrisorias al entrar y encima, en un gesto que los dibuja de una pieza, metieran bebidas adquiridas afuera para ahorrarse unos cuantos pesos. A final de cuentas es un asunto de conciencia y cada quien deberá enfrentarse con la propia.

Por otra parte, la diferencia entre lo posible y lo deseable. A todos nos gustaría saber que gracias al festival se pudo reunir una buena cantidad de dinero, pero lamentablemente las cosas no son así por muchísimos factores. Por una parte, la organización corre a cargo de personas que deben robar tiempo a sus ocupaciones normales y la atención de su familia para atender los mil y un asuntos que exige un evento de esta magnitud. La experiencia dicta, y esto me consta, que no puedes confiar un puñado de acciones en otras personas cuando no quieres fallar.

Lo deseable sería que hubiese más sensibilidad y solidaridad por parte del gremio y de muchos que se jactan de ser aficionados de cepa. Hoy, aquí, el llamado es para las peñas y grupos, para los individuales, para los profesionales llámense toreros, ganaderos, subalternos, miembros del servicio de plaza; muchos son los que aportan, sí, pero desgraciadamente son más los que prefieren hacerse de la vista gorda. Si no les place ir a ver torear a aficionados prácticos con novillos y erales y a cambio prefieren ver el futbol en el estadio, en un bar o su casa, lo menos que se puede esperar es que se deshagan de unos cuantos pesos y colaboren. Allá ellos y su conciencia.

Cada quien, en el marco de sus posibilidades, puede ayudar. No son válidas las justificaciones a toro pasado que cualquiera puede darnos para no haber asistido o, de menos, no haber aportado algo; en la conciencia de cada uno queda marcado el hecho y con ello habrán de vivir el resto de sus días.

Lo cómodo para muchos podría ser el cerrar los ojos y dejar pasar los hechos, sin importar el resultado. Tan sólo como un ejemplo y para que se puedan tomar dimensiones, debemos decir que el tratamiento de Vicky significó gastar más de medio millón de pesos en cinco meses y que debemos tener en cuenta que esto seguirá por largo tiempo. De ahí el nivel de molestia por la falta de humanidad de muchos.

Como todo en la vida, hay puntos en la organización que son susceptibles de mejorar, pequeñas fugas y detalles que sumados pueden marcar una diferencia, pero sobre todo, resulta imperioso el lanzar un llamado de urgencia a una sociedad cada vez más fría y deshumanizada, más alejada y metalizada para que, en este tipo de casos, se tienten el corazón y pasen de las palabras a los hechos.

Para el final he dejado una reflexión personal. Como humano cometo errores; debo aceptar con humildad y vergüenza, como lo hice de frente y sin ambages de manera personal, que equivoqué la forma de plantear mis cuestionamientos hacia la organización, pero coincidirán en que lo verdaderamente relevante, que es el fondo, tiene sustento. Deseable es que se hubiesen recolectado decenas de miles de pesos, lo posible, lamentablemente, es que se reunieron poco más de 17 mil pesos que repito, vienen bien, pero que dado el tamaño del problema, son apenas una gota de agua en un desierto.

Hay mucho por hacer, por personas en dificultades y también por la Fiesta. Es tiempo de pasar de las palabras a los hechos, de juntos, todos, reflexionar y en un acto personal de conciencia retomar la escala de valores para ubicar en una justa y exacta dimensión el orden de las cosas.

Ya vendrá pronto una oportunidad para tratar de demostrar la posibilidad de empatar lo deseable y lo posible.

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