Leyendo hace unas semanas a Paco Aguado
en 6 Toros 6, no pude menos que darle la razón. Hay momentos en
que la modernidad se vuelve en nuestra contra y el beneficio tecnológico
termina por amenazarnos.
Se quejaba Aguado del libertinaje al que han llegado muchos espacios
en los que se da acogida a comentarios realizados por los "aficionados" y
también de los escandalosos niveles que han tomado muchos bolgs en la
Internet en donde sin medida se agrede, se ofende, si insulta, se acusa, a
los actores de la Fiesta y, lo peor, se hace desde la comodidad del
anonimato.
Tiene razón mi tocayo. Hay quienes confunden la libertad de expresión con el
libertinaje y son muchos más los que escudados en un seudónimo, nick o como
quiera llamarle, se envalentonan para decir lo que no pueden hacer de frente
y por derecho.
Recordemos que fuimos nosotros los primeros en abrir la posibilidad de una
interacción con nuestros usuarios en marzo de 2004; la idea de poder tener
una retroalimentación directa y sin cortapisas con nuestros usuarios además
de novedosa, era el complemento ideal para cerrar el círculo virtuoso de la
comunicación. Nuestros registros llegaron a tener a casi diez mil usuarios
comentando informaciones desde los más increíbles rincones del planeta.
No fue sencillo, tratar de moderar el tono significó un enorme esfuerzo
porque no fueron pocos los usuarios que cometieron excesos, con y sin buena
fe; adicionalmente, la apertura nos costó un fuerte ataque por parte de
antitaurinos que se adentraron en nuestro sistema para reventar el portal,
aunque por fortuna el daño fue menor y pudimos contenerle en cuestión de
horas. Lo más difícil, siempre, fue luchar en contra de quienes nos acusaban
de censuradores y fascistas al eliminar comentarios indebidos o, ya en el
extremo, expulsar a quienes violaban las reglas. La tarea era de 24 horas al
día y no fueron pocos los dolores de cabeza.
En agosto del año anterior el tema alcanzó niveles intolerables y cortamos
por lo sano: de golpe eliminamos la posibilidad de publicar comentarios por
parte de los usuarios. Nos dimos cuenta de algo que ahora Aguado ha
desvelado, no eran pocos los profesionales del toreo: toreros, apoderados,
asistentes, ganaderos, empresarios, subalternos, que escondiendo la mano (y
sobre todo la identidad real), tiraban piedras sobre los tejados. No eran
pocos, tampoco, los personajes que de manera cobarde y ruin, agredían a
otros sin recato ni pudor.
Seguimos insistiendo en la búsqueda de un esquema que nos permitiese retomar
el camino y darle interactividad a nuestro medio y así, a finales de octubre
del año anterior, abrimos de nueva cuenta este espacio, pero con una
condicionante: los comentaristas deberían aportar su nombre real y demostrar
con documentación oficial su personalidad.
La solución acabó de golpe con casi todos los excesos y abusos. Han sido
realmente pocos, muy pocos, los aficionados y profesionales que con decoro
se han atrevido a inscribirse en la nueva modalidad y que ahora escriben sus
comentarios; algunos de los nuevos usuarios han caído en la tentación de
romper las Normas de Publicación y han encontrado por respuesta la misma
actitud: las reglas son claras y no están sujetas a discusión, aquí se
debate con altura de miras y, sobre todo, con respeto.
Duele el darse cuenta del poco compromiso de muchos que se dicen apasionados
de la Fiesta y que antes, bajo un seudónimo, dedicaban largas horas a
denostar a otros; resulta triste el percatarse de que bajo las nuevas
condiciones se acabaron los valientes, aunque en descargo debemos señalar
que no lo eran tanto, porque sus acciones los delatan y desnudan de una
pieza.
Resulta preferible el contar con pocos, pero honestos, comentaristas a
seguir propiciando un clima nada sano para la Fiesta. Además, visto así,
mantenemos condiciones de equidad entre los profesionales del toreo, los
periodistas y demás involucrados que día a día aportamos nuestro nombre y
quienes disfrutan de la posibilidad de tomar parte activa en nuestras
noticias y artículos.
A final de cuentas, si es que cabe una recomendación, lo que podemos abonar
a la denuncia de Paco Aguado, es que debemos ser analíticos con lo
que encontramos en los distintos espacios, cuestionar si quienes publican
los flamígeros comentarios y denuncias serían capaces de sostener su
palabra, de frente y su ambages, ante las víctimas de sus ataques. Esta
sencilla regla nos puede dar claridad sobre el "valor" de los pretendidos
"salvadores de la Fiesta". |
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