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Viernes, Septiembre 10, 2010.

Conducirse con respeto
Por: Francisco Tijerina E. , México
Jueves, Febrero 28, 2008 14:07:00 Hora GMT
 
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En Medellín, Colombia, la venganza personal de alguien que por una circunstancia específica se ha vuelto contra la Fiesta, está a punto de dejar a la segunda ciudad con más importancia de ese país, sin festejos taurinos.


A miles de kilómetros de distancia observo con tristeza que el fenómeno, con todos sus elementos incluidos, se comporta exactamente igual: gobiernos proclives a hacer lo que consideran "políticamente correcto", a pesar de que en su acción se comportan de manera autoritaria, prepotente, sin consultar a quienes los han llevado al poder y atropellando los derechos de las mayorías para apoyar los de una minoría.

Observo, también y con más tristeza, la falta de compromiso de muchísimos que se dicen aficionados y, lo que es peor, de los profesionales de la tauromaquia, quienes como si se tratase de un mal sueño, minimizan los hechos tratando de negar la existencia de corrientes y tendencias que, aunque respetables, no pueden en pleno Siglo XXI, venir a imponernos por la fuerza sus gustos, preferencias o creencias.

En Medellín, Colombia, la venganza personal de alguien que por una circunstancia específica se ha vuelto contra la Fiesta, está a punto de dejar a la segunda ciudad con más importancia de ese país, sin festejos taurinos. La historia es sencilla: a Álvaro Múnera, quien en sus tiempos se anunciaba como "El Pilarico", toreando en Albacete, España, en 1984, un toro le cogió lanzándole por los aires para caer de cabeza sobre la arena, lo que provocó la fractura de la quinta vértebra cervical, lo que le dejó condenado a vivir en una silla de ruedas. Con el paso del tiempo Múnera empezó a defender las causas de las personas con capacidades diferentes y así llegó al Concejo de Medellín, en 1998 y hasta 2003.

Con un obvio resentimiento contra la Fiesta, aunque públicamente no lo acepta, Múnera se ha "convertido" en un defensor de los animales y sus propuestas para prohibir la realización de festejos taurinos en Medellín están a punto de tener éxito, ya que el Concejo Municipal ha aprobado un proyecto para evitar "la tortura de los animales", mismo que pasará a aprobación del alcalde.

Debemos recordar aquí que la Corte Constitucional de Colombia considera a la tauromaquia un patrimonio cultural al tratarse de un espectáculo artístico, por lo que de aprobarse la medida propuesta por el Concejo, se caería en una controversia.

Al margen de los aspectos legales y la parcial actuación de los concejales quienes, sin consulta de por medio, intentan "interpretar" el sentir de los ciudadanos, es importante poner atención a algunos detalles de la actuación del taurino-arrepentido que en su lucha personal es capaz de invocar la memoria y recuerdo de personajes que ya han muerto, como José Cubero "Yiyo", de quien afirma fue su amigo y compartió con él la tarde trágica en Albacete, de Francisco Rivera "Paquirri", y del taurino Tomás Redondo.

Podemos comprender los motivos que alientan a Múnera a comportarse de esta manera, pero no podemos aceptar que en su lucha personal utilice, sin el menor recato ni respeto, los nombres de figuras del toreo que han ofrendado su vida por el toreo; Múnera, como la mayoría de los antitaurinos, entrelaza partes de verdad con partes de mentira para apoyar su causa y, es necesario subrayarlo, una cosa es decir medio mentiras y otra, muy diferente, es utilizar la imagen de toreros tan grandes como "Yiyo" o "Paquirri" en sus propósitos. Con la mayor ligereza, Múnera declara que Tomás Redondo se suicidó por el cargo de conciencia de la muerte de Cubero y su accidente; con fértil imaginación, asegura que los ternos de los tres eran del mismo color y, con el mayor desparpajo, es capaz de colocarse a la altura de dos íconos del toreo mundial.

Por principio debemos exigirle al señor Múnera respeto a quienes ya no están entre nosotros y no son capaces de defenderse. Debemos decirle que en su justificación debería emplear argumentos y razonamientos de mayor peso y verdad o no acudir a la sensiblería barata; debemos, también, cuestionarle sobre algún plan colateral de apoyo a los cientos de familias que gracias a su venganza se quedarán sin sustento y a quienes dejará en el desamparo.

Hay en Colombia, como en todos los lugares del mundo, muchísimas más cosas importantes para las cuales es necesario luchar: la alimentación, la salud, la educación, la igualdad de oportunidades, el desarrollo autosustentable... Medellín tiene cientos de problemas por resolver y no es justo que en su venganza Múnera se haga del recurso más preciado de los funcionarios públicos, el tiempo, para conseguir su venganza.

No puedo dejar de cuestionarme: ¿actuaría igual este personaje si su historia hubiese sido diferente y un poquito parecida a la de César Rincón?, ¿qué diría si la fortuna le hubiese sonreído y se hubiese convertido en figura del toreo? Estas no dejan de ser meras suposiciones, pero su lucha es real y por ello es necesario hacerle un llamado a que se conduzca con verdad y, sobre todo, con respeto.

Desde aquí hacemos un llamado a las autoridades de Medellín para que, antes de pronunciarse en cualquier sentido, realicen un trabajo serio y ordenado, con elementos y herramientas científicas, a fin de saber si su decisión está basada en el sentir de las mayorías y no en el simple deseo de venganza de una persona que, sabedor de los riesgos que corría, tuvo simplemente mala fortuna.

Hacerle caso a Múnera sería tanto como el prohibir la utilización de alguna maquinaria que por descuido ha provocado un accidente de trabajo a un operario. Así de sencillo.

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