Por sexta ocasión cumplo con lo que se ha
convertido en un ritual. Escribir, minutos antes del inicio del nuevo año,
un balance de lo ocurrido durante los últimos 12 meses y los propósitos para
el año que está a punto de llegar.
Apasionante sin duda ha sido el 2007. Pleno de noticias e informaciones, de
sorpresas y acontecimientos, nos deja el legado de la importancia que
en nuestro tiempo debe tener el toreo de ofrecer, antes que nada, un
espectáculo acorde a los días que nos toca vivir, que interese a las masas, que deje de
ser un culto para avezados para colocarse en el ánimo de las multitudes; es
urgente devolver a los toreros, como decía en alguna ocasión, el sitio de
héroes.
La clave deben ser la unidad, la cohesión, la congruencia y la capacidad de
los actores de la Fiesta para percatarse de la imperiosa necesidad de cuidar
de la "gallina de los huevos de oro". Si insisten en únicamente cuidar de su
parcela sin voltear a ver la del vecino, el asunto irá al garete. Y así,
todos debemos mirar a las parcelas vecinas, pensando en el bien común del
arte y herencia que nos apasiona y nos hermana. Por igual en Europa que en
América, no hay otro camino, o nos entendemos entre nosotros mismos o
dejamos que esto termine por extinguirse.
Sinceramente creo que es posible conseguir el objetivo. Por más marcadas y
serias que sean las diferencias entre los taurinos, llámense empresarios,
ganaderos, toreros, apoderados, es posible ubicar puntos de acuerdo que nos
permitan enderezar el barco hacia mejores destinos. Hoy el punto de enfoque
se centra en la definición de las voces que deben lanzar los llamados de
unidad... una sola de esas voces puede y debe ser la punta de lanza. ¿Cuál?
No se lo sé, pero estoy cierto que una vez que esa voz se deje sentir, el
resto le seguirá.
Deseo terminar el 2008 con una mejor Fiesta Brava, más si es posible, pero
ante todo mejor. Quiero el triunfo de la Fiesta, que incluye forzosamente el
de los toreros y los ganaderos, el de los empresarios, pero fundamentalmente
el de los aficionados que con su entrada hacen posible el que este rito
continúe vigente. Deseo, fervientemente, que podamos concluir los siguientes
doce meses con varias figuras que de manera fulgurante sean capaces de
trascender el ámbito taurino y no sólo en las páginas de las revistas del
corazón sean reconocidos, ocupando planos de admiración internacional.
No es mucho pedir, simplemente la conjunción de esfuerzos y voluntades, el
pensar primero en la Fiesta y luego en los intereses particulares. Podemos
lograrlo, siempre y cuando nos desprendamos todos del egoísmo individual
para pensar, sólo un instante, en el sueño que nos ha hecho iniciar la
andadura por estos sinuosos caminos.
Vamos juntos, de la mano, a luchar por nuestra Fiesta. Seamos capaces de
sentar las bases para heredar, en el futuro próximo, a las nuevas
generaciones de aficionados de un ambiente y un espacio taurino digno,
actuante y sobre todo brillante.
¡Que el 2008 nos traiga salud, prosperidad, amor, trabajo y, también,
las mejores faenas!
¡Que así sea! |
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