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Viernes, Septiembre 3, 2010.

CRÓNICA / MURO (Esp) - Vicente Barrera cortó tres orejas por torear; 'El Cordobés' por destorear
Por: Tolo Payeras , España
Domingo, Junio 24, 2007 23:38:00 Hora GMT
 
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José Ortega Cano protagoniza un escándalo de juzgado de guardia al salir a la plaza con la cara desencajada y unas extremas e injustificadas precauciones, desperdiciando dos bonancibles toros.


FICHA DEL FESTEJO

La plaza registró tres cuartos de entrada. Se corrieron cinco toros de la ganadería de Luis Albarrán, terciados de presentación y noblones, pero muy justos de fuerza. El sexto (bis) de Caridad Cobaleda salió con trapío y fue extraordinario.

Ortega Cano, pitos y gran bronca.
“El Cordobés”, dos orejas y oreja.
Vicente Barrera,  oreja y dos orejas.

Presidió el festejo el concejal Ramón Quetglas, asesorado por Jaime Soler.

Pues vaya tarde movida que hemos tenido hoy en Muro. En la plaza pasó de todo: un torero serio y sin concesiones que de cara a la galería se dedicó a torear como mandan los cánones y que fue premiado con tres orejas; otro que se llevó el mismo premio pero por torear al público; y otro que casi arma el escándalo padre en la Monumental y que tuvo que despachar, mejor dicho asesinar un toro con el albero lleno de botes y todo tipo de objetos que le lanzaban de los tendidos, incluso para protegerse del lanzamiento masivo, lidió con la muleta al toro con la montera puesta.

Y es que no se puede hacer el paseíllo en ninguna plaza sin tener como mínimo las condiciones físicas imprescindibles para estar frente la cara de los toros. José Ortega Cano no esta físicamente preparado y esto le imposibilita todo lo otro, ya no hablamos de torear, sino tan solo de estar dignamente ante la cara de los bureles.

Lo de esta tarde ha sido de verdadera pena y si sigue por este camino toda la temporada, algún disgusto tendrá porque no se encontrará en todas las plazas un público tan bondadoso y festivalero como el de Muro. Con el capote bailó por sardanas pegando mantazos sin ton ni son, con la muleta creo que bailaba por soleares...lo cierto es que a cada arrancada del animal las zapatillas del diestro eran devenir de pasitos atrás y trasero para fuera.

En el toro que abrió plaza el público se aguantó el desaguisado, pues les pilló desprevenidos ya que no se esperaban dicha actitud. Tan sólo se escucharon protestas serias a la hora de manejar la tizona, porque ni la manejó, cazó al toro como buenamente pudo.

En el cuarto ya fue otra cosa, con el público con la mosca tras la oreja, le protestaron el baile de carnaval manejando el percal y no digamos la que se armó al ordenar al picador que asesinara al toro con dos grandes y largos puyazos. La plaza se convirtió en un verdadero lío y el albero se lleno de botes y todo tipo de objetos. En banderillas otro desastre, una en la paletilla y dos en los cuartos traseros, y Curro Cruz aún quería salir en los periódicos como subalterno destacado, pues a un servidor personalmente me lo pidió. ¡Que vergüenza! ¡Que desfachatez!

Con la franela salió Ortega Cano tocado con la montera para defender su cabeza de lo que llovía en la plaza y la cosa podría haber terminado de muy mala manera, pues hubo incluso conatos de querer saltar al ruedo. Acabó el infortunio cazando con medio espadazo al burel y salir corriendo a esconderse en un burladero. Los peones se encargaron de que la media entrara entera a base de capotazos sobre los lomos del animal, que al doblar dio paso a una una gran bronca, de esas que hacen época en la plaza por parte del público.

Manuel Díaz “El Cordobés” enloqueció a la mayoría del público e indignó a la minoría entendida, pues se dedicó a torear a las gradas con dos faenas insulsas y de toreo bufo, si señores toreo bufo, de la peor imitación de los enanitos toreros. Con el capote mantazos por verónicas y con la muleta dos faenas compuestas de rodillazos, pases por alto, molinetes, saltos de rana, más molinetes y acabando con manoletinas, risas y simpatías al público y armando un revuelo desmelenándose con los rodillazos finales y sus desplantes. Todo tipo de artimañas valieron y el público se las aceptó de buen grado, para no irse de vacío.

Al segundo después de matar de una estocada desprendida le dieron dos orejas y en el quinto una, porque pinchó y tuvo que utilizar el verduguillo.

Lo triste es que por una importante faena, seria y sin concesiones además de utilizar la tizona dignamente, a Vicente Barrera tan solo le concedieran una oreja. Visto lo que habían hecho con Manuel Díaz, a Barrera le tendrían que haber dado el toro entero. Pero señores cada público y cada plaza tiene lo que se merece.

Vicente Barrera toreó para una minoría, para una minoría que era la que valía porque era la que sabe apreciar lo bueno. Lo otro es como si a uno le dan a saborear un buen vino y lo mezcla con casera. Al tercero lo saludó con seis verónicas templadísimas que remató con una media. Con la muleta inició la faena con unos toreros doblones para luego en los medios componer una justa y medida faena por ambos pitones. Largos derechazos y templadísimos naturales rematados siempre con torería, unas veces con unas trincheras y otras con pases de pecho de cabo a rabo.

A esa minoría entendida le gustó mucho el broche con que acabó la faena, unos soberbios pases sacando la muleta por debajo de la pala del pitón, para acabar de un pinchazo y estocada. Señores fue premiado tan sólo con una oreja, que dignamente se la hubiesen dado en cualquier plaza de categoría.

Con muchos pies salió el sexto, pero al acabar el gas quedó inválido para la lidia, no sé si se dañó o es que ya estaba lesionado al salir de chiqueros. Lo cierto es que fue devuelto y como meterlo en los corrales era complicadísimo, Gabriel Nadal lo despacho de un certero puntillazo desde un burladero. Una gran ovación al subalterno.

Salió un sexto (bis) que pertenecía a Caridad Cobaleda Galache y fue extraordinario, como también lo fue la faena que le instrumentó el torero valenciano. Soberbio con el capote y magistral con la muleta, una faena de gusto en la que sobresalieron las series por el pitón izquierdo. ¡que naturales señores!, adelantando la muleta, embarcando a la res y vaciando la embestida hasta el infinito y los ¡olés! no se dejaron de escuchar a lo largo de todo el trasteo ya incluso con los que les gusta el tremendismo rendidos por la influencia de lo bueno. Una vez más David ganó a Goliat.

Los remates fueron de cartel de toros, pases del desprecio, de trinchera y pases de pecho con una quietud pasmosa. Qué pena que este torero no esté dentro el círculo de las grandes ferias. Si sigue por este camino Manolo Martín lo volverá de nuevo a meter en los grandes seriales, seguro que sí, tan sólo le hace falta que le respeten un poco más los toros de lo que lo hicieron en su etapa anterior. Al acabar de media en todo lo alto de efecto fulminante, esta vez le concedieron las dos orejas que paseó a hombros saliendo por la puerta grande junto con Manuel Díaz “El Cordobés”. Ortega fue despedido con una gran e importante bronca.

No podemos dejar de mencionar lo bien que estuvieron dos toreros de la tierra: Valentín Luján y Gabriel Nadal; el primero tuvo que saludar montera en mano después de dos soberbios pares de banderillas al sexto toro, Gabriel Nadal lo tuvo que hacer después de los certeros puntillazos que dio tanto al toro devuelto como al doblar el sexto. Enhorabuena toreros.

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