| Regularmente el ejercicio
del periodismo taurino lo realizo con alegría y gusto, pero hoy no es la
ocasión; nadie me dijo nunca que siempre tendría que hablar de buenas
noticias, de triunfos y logros y asumo como parte de la responsabilidad el
hecho de tratar de mejorar las cosas y aportar algo a la fiesta. Lo siento
por aquellos a los que con lo que aquí plasmo pueda importunar, créanme que
no es la intención, pero si los aludidos tienen en parte culpa, deben
también aceptar su responsabilidad y hacerle frente, no con falsas salidas o
pretextos, sino con hechos concretos. El tema no es
nuevo, sino más bien la resultante de usos y abusos, de varios hechos
individuales que han provocado que Monterrey, la querida ciudad en donde
nací y he vivido casi toda mi vida, se encuentre en un momento crucial de su
acontecer taurino: no existe en la Sultana del Norte un servicio y atención
médica de calidad y a la altura de nuestro tiempo para los toreros. Duele
decirlo, pero es la verdad. Y junto con ello se da una serie de
acontecimientos que resultan harto vergonzosos.
Dos hechos
La inadecuada atención médica a dos toreros en el Hospital
Universitario de Monterrey es lo que provoca esta serie de reflexiones. Por
principio, el viernes 1 de julio de 2005 en la novillada nocturna realizada
en la Monumental "Lorenzo Garza", Octavio García "El Payo" resultó
con una cornada penetrante de vientre y dada la gravedad del percance se
determinó fuese traslado de inmediato al Hospital para su atención; siendo
dicho nosocomio el centro de atención de urgencias con más demanda y dado
que era viernes por la noche, cuando se recibe a una gran cantidad de
pacientes heridos en choques y/o riñas, la atención al torero debió esperar
durante varias horas al no haber quirófanos disponibles. Horas más tarde y
luego de la operación el asunto se complicó, la versión oficial señalaba un
"espasmo faríngeo" al ser retirado el respirador artificial al novillero,
aunque corrieron versiones de que hubo una trayectoria sin auscultar. Pese a
las quejas de familiares y la administración de El Payo, el asunto
terminó silenciado y nadie lo recordó.
El tema volvió a la palestra la semana anterior cuando se
atendió por una cornada de dos trayectorias al subalterno Pedro González
"Pedrín", herida recibida el domingo en Cadereyta. Al desconocer las
necesidades de la cirugía taurina, los médicos que atendieron al
banderillero se limitaron a limpiar la herida y suturar, dejando sin atender
una trayectoria y horas más tarde el asunto se complicó, por lo que hubo que
verle de emergencia.
Monterrey ha sido tierra de eminentes cirujanos taurinos,
verdaderos apóstoles que sin pedir nada a cambio se han entregado a la
atención de los toreros por afición y vocación, no sólo en el caso de
cornadas, sino también en la atención particular de enfermedades, de ellos y
sus familias. Conozco no uno, sino muchos casos de toreros a los que los
médicos les regalaban la consulta, las medicinas y algo de dinero para que
llevaran a sus casas.
Las grillas, los pleitos, la politiquería, ha dejado a
Monterrey sin por lo menos un cirujano que pueda hacer frente a una
contingencia real. No critico a quienes en este momento lo hacen, pero me
cuestiono si la atención a los pacientes está condicionada al pago de los
servicios o existen serias negligencias que han llegado a un extremo en el
que resulta imposible quedarse callado. Tiemblo sólo de pensar en que
alguien pueda resultar herido en un festejo y no reciba una adecuada
atención médica; recordemos que lo que aquí está en juego es la vida de
personas y que la cirugía taurina es toda una especialidad que no puede, ni
debe, ser atendidas por cualquier médico, así tenga muchas buenas
intenciones.
El pago de los servicios médicos
En el mismo festejo donde fue herido "Pedrín", el
matador de toros Enrique Espinoza "El Cuate" resultó con la fractura
del empeine del pie derecho. Es norma que la atención médica a los actuantes
durante las primeras 24 horas luego del percance, es decir inmediatamente
después de un incidente, deben ser liquidadas por la empresa y la
rehabilitación y secuelas son pagadas por su respectiva agrupación, la
Asociación de Matadores en el caso de los toreros y la Unión de Picadores y
Banderilleros para los subalternos. En el caso que nos ocupa la empresa no
se hizo cargo del pago de Espinoza, aunque sí fue al Hospital a
exigir la atención con gritos y desplantes, y la Asociación de Matadores
tampoco se hizo cargo del tratamiento posterior dado que el torero no se
encuentra al corriente en el pago de sus cuotas, condición inexcusable para
ser atendido.
Se de casos en los que médicos de otras ciudades
(Querétaro y Acapulco por citar ejemplos), no han podido cobrar sus
honorarios luego de muchos meses y años y por ello ya no quieren atender a
ningún torero. ¿Hemos llegado a ese extremo en Monterrey? Debo aclarar que
no se trata de buscar médicos que presten sus servicios gratuitamente, sino
de tener las seguridades mínimas de contar con un cuerpo médico que ofrezca
un servicio de calidad.
Un beneficio a punto de perderse
Luego de haberse realizado siete festejos a
beneficio del Hospital Universitario en los que el mayor logro para
los toreros y subalternos fue una atención médica integral para ellos y sus
familias a través de la Consulta Externa, el aliciente está a punto de
perderse (si es que no se ha perdido ya), gracias a los abusos de algunos
personajes que, para colmo, jamás han participado en estas corridas y nunca
se han percatado del verdadero costo de un servicio médico. Como parte de
los beneficios para todos los miembros de la Asociación de Matadores y la
Unión de Picadores y Banderilleros, el alma de estos festejos, el matador
Eloy Cavazos, consiguió hace tiempo que con el sólo hecho de presentar
su credencial que los acreditase como miembros de estas agrupaciones
recibirían atención médica sin costo, un verdadero logro; pues bien, no
faltó quien abusando de la dichosa credencial, llevó a amigas y "novias",
además de su esposa claro está, para que la atendieran gratis, hasta el
punto en que la bomba estalló. A ver si el personaje de marras va y les
explica a las familias, esposas e hijos de sus compañeros subalternos y de
los toreros, que él fue el gracioso que "se pasó de listo" y que provocó que
la imagen de los toreros, cuando menos en dicho Hospital, sea peor que la de
un delincuente. A ver si ese chistoso es capaz de pagar las consultas de
cualquier torero, cuestión que dudo, ya que con todo y que es subalterno,
cuando él hace empresa no es capaz de pagar ni siquiera los sueldos
completos, pero eso sí, cuando es actuante es un "tigre" para cobrar.
Son dos temas
No hay que perder de vista que se trata de dos temas. Por
una parte, la falta de un cuerpo médico que atienda con prontitud y con
eficiencia a un herido por asta de toro. Hay en Monterrey extraordinarios
traumatólogos (uno de los tipos de lesiones más frecuentes en los toreros),
pero no tenemos, hasta donde la vista nos alcanza, a cirujanos que puedan
hacer frente a una contingencia mayor. ¿Qué pasará cuando, Dios no lo
quiera, se presente una cornada en donde se hagan trizas la safena y la
femoral de un diestro?, ¿cómo actuarán los médicos con una penetrante de
vientre o con un torero con el pecho abierto? ¿Quién los va a atender y a
qué hospital los llevarán?, en el caso del coso titular es un hecho que la
primera intervención sería sufragada por la empresa, pero, ¿pagarán la
Asociación o la Unión la atención postoperatoria?, ¿no llegarán los
hospitales al extremo de, como en muchos hoteles de todo el planeta, exigir
el pago por anticipado al saber que se trata de toreros?
El tema de la atención médica a los toreros y sus familias
en la consulta externa tiene fácil solución. El problema fue que en el
Hospital Universitario se confiaron y con algunos toreros (que no con todos)
, hay que irse con cuidado. Por principio de cuentas hace falta que las
agrupaciones se modernicen y mantengan una base de datos actualizada con los
miembros activos y de ellos con los que están al corriente con sus cuotas.
Un simple correo electrónico por semana enviado al Hospital actualizando la
información, puede servir; en cuanto al servicio a las familias, sería
necesario que los toreros diesen de alta a sus familiares, constancias
legales (actas de matrimonio y nacimiento originales y con copias
fotostáticas certificadas), ante la agrupación correspondiente, sería un
trámite sencillo que evitaría los abusos de ciertos vivales.
Estamos a tiempo de evitar una desgracia mayor y también
muy a tiempo de que los toreros pierdan un beneficio que, estamos seguros,
no han podido dimensionar. No es justo que por un irresponsable se pierda lo
que con tanto esfuerzo se ha conseguido; a ese irresponsable deberían, por
lo menos, expulsarlo de su agrupación, que como subalterno no sirve y como
ser humano, deja mucho qué desear. |