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EL APUNTE / MEDELLÍN (Col) – La fórmula física de 'El Juli'
Por: Juan Guillermo Palacio , Colombia
Domingo, Febrero 19, 2006 03:36:00 Hora GMT


Espacio = velocidad x tiempo. Ni esta fórmula física, ni la lógica aristotélica, ni el esfuerzo de un grupo de entendidos, logran explicar el secreto de la teoría de las distancias de la tauromaquia de Julián López “El Juli”.


La fórmula física más sencilla que pudiera explicar la compleja teoría de las distancias que tiene en su cabeza Julián López “El Juli”,  es aquella que dice que el espacio es igual a la velocidad multiplicada por el tiempo. Si se torea a la distancia adecuada, se lleva al toro lo más largo posible, y, por ende, durante un lapso de tiempo que es mayor.

Este sencillo teorema no es otra cosa que el temple. Parece fácil, pero si un aprendiz asumiera que darle la velocidad justa a un toro le garantizaría estar parado en la distancia óptima... seguramente su muleta terminaría hecha jirones.  Necesitaría a un apoderado con título en matemáticas puras, que multiplicara y dividiera constantemente magnitudes variables, y le gritara el resultado de sus cálculos desde el callejón. Pero uno mira a un costado y ve a Roberto Domínguez, que tiene más cara de galán que de ingeniero, impasible viendo a  “El Juli” resolver solito y con facilidad todo este tipo de problemas.

Al primer toro que lidió en Medellín, “El Juli” le bajó la mano y le acompañó los muletazos con el cuerpo.  Al segundo lo llevó a media altura y lo citó a cuatro metros dejándolo galopar a su libre albedrío.  Dos planteamientos técnicos a dos problemas distintos.  Para acabar de ajustar, se dio el lujo de ligar catorce lances en una de sus tandas.

Lo cierto y, peor aún, lo inexplicable, es que esa verdad sólo la tiene “El Juli”. Desde el primer lance es un torero bien parado. Rápidamente descubre el tranco del toro y se ubica a la distancia exacta, la misma que va ajustando acertadamente durante su faena. Por eso le basta hacer  el movimiento de piernas de un compás para embarcar nuevamente el siguiente muletazo.  No era “El Juli” el que tenía que recomponer su ubicación, era el toro el que lo debía hacer. Fue algo tan evidente que no suscitó ninguna objeción. Y, lo que es peor, ninguna explicación...

- Roberto Domínguez, ¿cuál es el secreto de las distancias de la tauromaquia de “El Juli”?

Es la obligación que imprime en la muleta, que la lleva completamente a rastras; la distancia que hay entre la muleta y el toro, al que le da siempre el cebo para que no pueda cabecear y vaya muy  encelado... de esta forma le puede llevar con un tranco más largo que algunos otros toreros. Por eso el toro luce más en su mano.  Son cosas innatas en él que es un privilegiado.

Al parecer ni Roberto Domínguez ni nuestro famoso teorema, logran explicar la teoría de las distancias de “El Juli” de una manera contundente. Acudo a Jorge Arturo Díaz y su exacta precisión con el bisturí, para tratar de aprehender el asunto un poco más.

- Es la sensibilidad del torero más que la técnica.  Como decía Rafael de Paula, lo que prima es la sensibilidad, esa intuición casi mágica, casi biológica que tienen los grandes toreros, que sienten la distancia del toro, su  ritmo, y se colocan casi sin pensarlo, como un acto reflejo.

Jorge Arturo le cede los trastos a una Matadora, Rosarito de Colombia.

- Primero porque tiene el toreo en la cabeza, segundo porque su muleta es prodigiosa y tercero porque tiene una armonía en el cuerpo y una gracia espectacular.  En términos musicales, la armonía es lo que se escribe, las notas, y el ritmo el pulso del corazón.  Eso es lo que tiene él: una conjunción de ritmo y armonía.

Piénselo más, Matadora, que la respuesta parece estar cerca...

- El ritmo es el compás y la armonía todo el movimiento de su cuerpo.  Su cabeza está tan bien dotada para saber darle la distancia justa al toro y despejarle el terreno. Siempre le da cabida al toro, que es algo muy difícil porque los otros toreros se tienen que recuperar. En cambio él tiene el muletazo perfecto, lo vacia con la muñeca y deja el espacio suficiente para que el toro pueda pasar a su alrededor.

Al final, la torera también se embarulla.  Esa es la dificultad que tiene el querer explicarlo todo desde la lógica aristotélica y la rigurosidad científica.  Recurrimos entonces al periodista Iván Parra y su prodigiosa exactitud en el uso de las palabras, para tratar de resolver este meollo... 

- El secreto del temple está en la distancia y la distancia se le toma al toro de acuerdo con la velocidad, el ímpetu y la acometividad que tenga.  “El Juli” mide con acierto la fuerza del toro, su velocidad y la intensidad de la embestida. Siempre está perfectamente colocado para el muletazo inicial y para el siguiente, que es el más difícil. Tiene la muleta perfectamente colocada y el brazo ajustado a la velocidad del toro. Por eso todos los muletazos le salen limpios y templados.  El secreto es la inteligencia, lo rápido que descifra a los toros. Los aprovecha al máximo porque siempre torea a favor del toro.

Tiene razón Iván. Y el apoderado. Y la torera. Y mi amigo Jorge Arturo. Todos vimos y coincidimos en el don sobrenatural que tiene “El Juli”, pero ninguno alcanza a explicar exactamente el cómo, ese gran secreto que lo hace único... e irrepetible. 

Preguntémosle a “El Juli”, entonces.

- Poquito a poco va uno conociendo la técnica cada día más.  La técnica es muy compleja y muy larga. A base de entrenamiento y de sufrir, porque en esta profesión hay que sufrir mucho, logras conocer la técnica.  No es nada más.

¿Es la distancia o la forma en que llevas al toro?

- Bueno, es la distancia y también la forma de llevarlo... son un cúmulo de cosas muy largas de explicar y que toman mucho tiempo. 

Van dos cuartillas y la famosa explicación racional se queda sólo en divagación y elogios.  Para lograrla, se necesitaría mucho más que tiempo y espacio.  Según esto, entonces, el espacio no necesariamente es igual a la velocidad multiplicada por el tiempo.

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