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La fórmula física más
sencilla que pudiera explicar la compleja teoría de las distancias que tiene
en su cabeza Julián López “El Juli”, es aquella que dice que el
espacio es igual a la velocidad multiplicada por el tiempo. Si se torea a la
distancia adecuada, se lleva al toro lo más largo posible, y, por ende,
durante un lapso de tiempo que es mayor.
Este sencillo teorema
no es otra cosa que el temple. Parece fácil, pero si un aprendiz asumiera
que darle la velocidad justa a un toro le garantizaría estar parado en la
distancia óptima... seguramente su muleta terminaría hecha jirones.
Necesitaría a un apoderado con título en matemáticas puras, que multiplicara
y dividiera constantemente magnitudes variables, y le gritara el resultado
de sus cálculos desde el callejón. Pero uno mira a un costado y ve a
Roberto Domínguez, que tiene más cara de galán que de ingeniero,
impasible viendo a “El Juli” resolver solito y con facilidad todo
este tipo de problemas.
Al primer toro que
lidió en Medellín, “El Juli” le bajó la mano y le acompañó los
muletazos con el cuerpo. Al segundo lo llevó a media altura y lo citó a
cuatro metros dejándolo galopar a su libre albedrío. Dos planteamientos
técnicos a dos problemas distintos. Para acabar de ajustar, se dio el lujo
de ligar catorce lances en una de sus tandas.
Lo cierto y, peor aún,
lo inexplicable, es que esa verdad sólo la tiene “El Juli”. Desde el
primer lance es un torero bien parado. Rápidamente descubre el tranco del
toro y se ubica a la distancia exacta, la misma que va ajustando
acertadamente durante su faena. Por eso le basta hacer el movimiento de
piernas de un compás para embarcar nuevamente el siguiente muletazo. No era
“El Juli” el que tenía que recomponer su ubicación, era el toro el
que lo debía hacer. Fue algo tan evidente que no suscitó ninguna objeción.
Y, lo que es peor, ninguna explicación...
- Roberto Domínguez,
¿cuál es el secreto de las distancias de la tauromaquia de “El Juli”?
Es la obligación que
imprime en la muleta, que la lleva completamente a rastras; la distancia que
hay entre la muleta y el toro, al que le da siempre el cebo para que no
pueda cabecear y vaya muy encelado... de esta forma le puede llevar con un
tranco más largo que algunos otros toreros. Por eso el toro luce más en su
mano. Son cosas innatas en él que es un privilegiado.
Al parecer ni
Roberto Domínguez ni nuestro famoso teorema, logran explicar la teoría
de las distancias de “El Juli” de una manera contundente. Acudo a
Jorge Arturo Díaz y su exacta precisión con el bisturí, para tratar de
aprehender el asunto un poco más.
- Es la sensibilidad
del torero más que la técnica. Como decía Rafael de Paula, lo que
prima es la sensibilidad, esa intuición casi mágica, casi biológica que
tienen los grandes toreros, que sienten la distancia del toro, su ritmo, y
se colocan casi sin pensarlo, como un acto reflejo.
Jorge Arturo
le cede los trastos a una Matadora, Rosarito de Colombia.
- Primero porque tiene
el toreo en la cabeza, segundo porque su muleta es prodigiosa y tercero
porque tiene una armonía en el cuerpo y una gracia espectacular. En
términos musicales, la armonía es lo que se escribe, las notas, y el ritmo
el pulso del corazón. Eso es lo que tiene él: una conjunción de ritmo y
armonía.
Piénselo más, Matadora,
que la respuesta parece estar cerca...
- El ritmo es el compás
y la armonía todo el movimiento de su cuerpo. Su cabeza está tan bien
dotada para saber darle la distancia justa al toro y despejarle el terreno.
Siempre le da cabida al toro, que es algo muy difícil porque los otros
toreros se tienen que recuperar. En cambio él tiene el muletazo perfecto, lo
vacia con la muñeca y deja el espacio suficiente para que el toro pueda
pasar a su alrededor.
Al final, la torera
también se embarulla. Esa es la dificultad que tiene el querer explicarlo
todo desde la lógica aristotélica y la rigurosidad científica. Recurrimos
entonces al periodista Iván Parra y su prodigiosa exactitud en el uso
de las palabras, para tratar de resolver este meollo...
- El secreto del temple
está en la distancia y la distancia se le toma al toro de acuerdo con la
velocidad, el ímpetu y la acometividad que tenga. “El Juli” mide con
acierto la fuerza del toro, su velocidad y la intensidad de la embestida.
Siempre está perfectamente colocado para el muletazo inicial y para el
siguiente, que es el más difícil. Tiene la muleta perfectamente colocada y
el brazo ajustado a la velocidad del toro. Por eso todos los muletazos le
salen limpios y templados. El secreto es la inteligencia, lo rápido que
descifra a los toros. Los aprovecha al máximo porque siempre torea a favor
del toro.
Tiene razón Iván. Y el
apoderado. Y la torera. Y mi amigo Jorge Arturo. Todos vimos y coincidimos
en el don sobrenatural que tiene “El Juli”, pero ninguno alcanza a
explicar exactamente el cómo, ese gran secreto que lo hace único... e
irrepetible.
Preguntémosle a “El
Juli”, entonces.
- Poquito a poco va uno
conociendo la técnica cada día más. La técnica es muy compleja y muy larga.
A base de entrenamiento y de sufrir, porque en esta profesión hay que sufrir
mucho, logras conocer la técnica. No es nada más.
¿Es la distancia o la
forma en que llevas al toro?
- Bueno, es la
distancia y también la forma de llevarlo... son un cúmulo de cosas muy
largas de explicar y que toman mucho tiempo.
Van dos cuartillas y la
famosa explicación racional se queda sólo en divagación y elogios. Para
lograrla, se necesitaría mucho más que tiempo y espacio. Según esto,
entonces, el espacio no necesariamente es igual a la velocidad multiplicada
por el tiempo. |